Los budistas auténticos viven una vida colorida

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En mis décadas de reunirme e interactuar con diferentes personas con todo tipo de antecedentes, parece que hay una percepción generalizada que una vez que se convierten al budismo necesitan cambiar el modo de color a una escala de grises, no se permite disfrutar, no se supone se deba perseguir los logros mundanos, no se debería presentar a sí mismo amablemente y se debieran dejar de lado las comodidades materiales e imponerse penalidades físicas a pesar que no sea necesario. La enseñanza budista enfatiza mucho la "sencillez", "humildad" y por supuesto "vacío" y "renuncia", así como la noción e importancia de comprender el "sufrimiento". Todas estas connotaciones hacen la vida de un practicante budista se vea muy triste, deprimida y gris.

Suena como una vida sin latidos.
¿Así que puede tener un budista una vida mundana colorido e interesante? Si es así, ¿cómo puede vivir un budista de acuerdo con el Dharma?
En realidad, el Dharma no es más que el proceso de transformación o desarrollo de la propia vida y yo diría incluso que el Dharma es sobre colorear la vida de uno. No estoy sugiriendo que se vaya por ahí desenfrenadamente, haciendo locuras que con el tiempo dañan a otros y a uno mismo. Estoy hablando de la vida colorida auténtica, con colores sustentables que benefician no sólo a uno mismo, sino también a los demás. Podemos llamar a esto una situación ganar-ganar. ¿Y cómo es esto posible?
Primero debemos entender que no podemos sobrevivir en este mundo solos, incluso nuestra propia supervivencia depende de algo más que nosotros mismos, como el oxígeno, el agua, buen medioambiente y luego la comunidad y así sucesivamente. Si no tenemos aire, agua limpia, vecinos amigables, amigos sinceros y una familia amorosa, no creo que nuestra vida pueda ser muy agradable. Por lo tanto si los demás están bien, también nos beneficiamos y cuando los que nos rodean están sufriendo, no seríamos capaces de permanecer felices para siempre, aunque podríamos ser capaces de ello por un período corto debido a nuestro buen karma o nuestros propios recursos . Al tener este entendimiento, necesitamos colorear nuestra vida, contribuyendo a la humanidad y mejorándonos a través del aprecio y al hacernos auténticamente felices, con un sentido de apertura.
La felicidad auténtica con el sentido de apertura no es una meta, sino un proceso. Una vez que hacemos de la felicidad un proceso de vida, ¿cómo no podemos tener una vida colorida y cómo no podemos ser profunda y genuinamente felices todo el tiempo? Nuestra felicidad o más bien uno mismo se convertiría en un perfume maravilloso de calidad que trae consigo una deliciosa fragancia dondequiera que vaya.
Así que si se ve la enseñanza budista o el Dharma como una enseñanza gris, entonces está totalmente equivocado. Los budistas auténticos, de una manera u otra, viven una vida llena de colorido.

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